Carta a mi Padre
Querido
Padre.
En estas líneas quiero
externarte mi más grande amor y reconocimiento, pero sobre todo y siendo muy
sincera conmigo y contigo lo que más importante considero externar es el perdón,
te perdono y me perdono. Porque como en las más cursis novelas de amor
frustrado así ha sido nuestro amor en estos últimos cuarenta y tantos años.
Como olvidar
aquel día en que nos conocimos, yo era una niña de no más de 8 años, y lo único
que anhelaba en mi vida era conocerte y que fueras parte de mi vida. Cuando te
vi llegar en ese carro Nova café, lo recuerdo bien, lo primero que hiciste fue
saludarme, saludar a mi hermana y a mi madre y luego regresaste al auto a bajar
tu caja de herramientas. Una caja grande, roja como la sangre, la abriste para
sacar algo y me deslumbro al ver tanta herramienta junta. Recuerdo bien, que me
puse a jugar con ella, maravillada de la variedad en tamaño como en estilos. Después
al ver tu mano, nunca lo he de olvidar, tu gran anillo de oro con tus
iniciales. “ALA”, te pregunté qué significaba, – Es mi nombre- me dijiste. Te dirigiste a la
cocina con una hielera y fui tras de ti. Te sentaste a la mesa, recuerdo bien
que mis abuelos atónitos de los que sucedía en ese momento, sin poder decir
mucho, solo miraban. Te pusiste a pelar y a comer los camarones que sacaste de
la hielera, me preguntó mi abuelo, -¿Quieres?--no sé qué es eso- le conteste. –Ten
prueba uno- dijo mi abuelo con voy tierna pero firme.
Prometiste volver
al momento de despedirnos ese verano, pero la verdad es que jamás volviste. Ese
fue uno de los dolores más grandes vividos y que sentía que no te podía perdonar.
Ahora entiendo algunas cosas, no todo, pero lo que a la distancia entiendo es
que los hombres en ocasiones actúan más por instinto que por razón, y tu
instinto no estaba aquí. Y por eso, te perdono.
Después de
ese verano, toda mi vida se complicó, nos cambiamos de casa, me llevaron lejos
de mi entorno, de mi familia, de mi área segura, donde me sentía amada y
protegida, conociendo a mi madre, ahora entiendo que fue su venganza por tu
segunda partida. Muy poco tiempo después mi madre llego con la noticia de que
se casaría. Te voy a ser muy sincera, al principio como niña, me dio mucho
gusto, me sentí muy feliz y contenta, por fin tendría un padre.
Las cosas
se habían salido de control, la boda se realizó lo más rápido que una novia
podría desear, creo que en menos de una semana ya estaba de nuevo viviendo en
una casa diferente, con una familia diferente. Pero esa es otra historia, lo
que para mí es importante rescatar en este punto es, que terminé estando más
sola y abandonada que nunca antes en mi vida. A mis diez años. Creo que eso fue
lo que complico mi relación conmigo y contigo.
Lo más
extraño y difícil que viví en mi infancia fue cuando llegaron a mi habitación y
me dieron un acta de adopción y me pidieron que la entregara en la dirección de
la escuela, mi nombre había sido cambiado, sin mi autorización ni
consentimiento. Me sentía despojada y muy enojada.
Hasta que
tenía alrededor de veinte años es que aprendí a vivir con ese nombre y a
quererlo. Se había vuelto parte de mí, aunque yo no lo quisiera.
Cuando tenía
veinticuatro años, al tener que realizar un trámite con mi acta de adopción, es
que me di cuenta de lo que había sucedido, ya que en esos días las actas de adopción
en la parte de abajo tenían resumido el juicio de adopción, quizá por falta de interés
o por ignorancia, nunca antes había leído todo lo que en ese documento decía,
hasta ese día. Al terminar de leer, me sentía muy molesta, no entendía lo que
sucedía. Deje todo lo que tenía que hacer y fui a con mi madre a preguntar ¿qué
era lo que había sucedido? ¿Por qué me habían hecho eso? A lo que ella contesto
–tú papá no las quería y no quería pasar la pensión alimenticia, prefirió darlas
a pagar todo lo que debía y por eso paso. Eso me dolió mucho, tanto que lo único
que sentí en ese momento eran ganas de llorar y de gritar, era mucho mi
sentimiento de enojo y dolor, el rechazo y abandono se asomaba de nuevo a mi
vida y abría una herida que nunca había cerrado pero que ignoraba para evitar
que doliera.
Lo único que
hice fue ir a mi computadora y escribir una carta para ti, una carta que
terminó por romper nuestra poca relación que teníamos, en ella te reclamaba el
poco amor que habías tenido y la poca fuerza que habías demostrado por tu amor
para conmigo.
Tu reacción
fue sentirte ofendido y lastimado por mis palabras escritas en ese documento, quizá
tenías razón, era como de locos, llegué de repente con esa carta de la nada,
sin explicar más. Ahora no es que lo entienda o no, pero te perdono y me
perdono por lo que hiciste y por lo que hice.
Ahora veinte
años después tuve la oportunidad de leer el juicio completo, lo primero que me
enamoro fue al ver y conocer tu firma, eso habla mucho de ti y habla de una
persona con buenos sentimiento y buena persona. Al terminar de leer el juicio
entendí que fue un evento manipulado, a capricho de quien lo solicitó, hubo
testigos que ni me conocían, ni declararon verdad de quien era la persona
solicitante, y además para mi opinión son personas que jamás se interesaron en mí,
ni me intereso que lo hicieran. Me sorprendió
mucho encontrar que hasta mi hermana había participado en el proceso. Me quedo
muy claro que a ti se te engaño y me duele mucho que se te hiciera menos por el
hecho de que fueras mecánico, que te hicieran creer que lo mejor para nosotras
era que te fueras de nuestras vidas, pero además que te hicieran pensar que lo
mejor para nosotras era que él tuviera todo el control.
Como siempre
lo dijo mi abuelo Nacho. Me pudieron cambiar el nombre, pero la sangre, esa
nunca me la van a poder cambiar.
Mi abuelo,
tu padre no desaprovechaba el momento en que los demás se descuidaran para
tomarme del brazo, llevarme a un rincón y decirme en voy muy baja –Te quitaron
mis apellidos, pero la sangre, esa, nunca te la podrán quitar-
Esa frase
nunca la entendí, hasta ahora, y tenía mucha razón. El nombre y el apellido lo
dicen todo, pero la sangre, esa lo es todo.
En mi vida
he tenido dos grandes amores, el primero has sido tú y el otro mi hijo.
TE amo y
siempre te amaré, si llevo o no tus apellidos, si estoy o no a tu lado y tú al mío,
lo que me queda muy claro es que la parte más noble de mi ser la tengo por ti. Y
te agradezco por eso.
Te amo, te
quiero y te respeto.
De tu hija
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